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  ENTREVISTA REALIZADA a Isabella Polito
por Beatriz Eugenia Andrade Iurribarría en www.elcirculodemujeres.blogspot.com/

 

     
   
     
 

¿A qué te dedicas?

  Soy doula, es la sacerdotisa que guía a la mujer embarazada en el ritual de iniciación que es el parto. La ayuda a que supere las pruebas de dolor, de impaciencia, de confrontación con sus monstruos internos (el miedo a la muerte, el miedo al dolor, el encuentro con lo desconocido)

Soy terapeuta de masaje, soy el psicopompo que guía al ser humano a contactarse con su cuerpo, a dejar de lado el intelecto, para que concientice sus bloqueos energéticos y acepte el placer. Le enseño que el dolor físico es un dolor emocional ancestral que está impregnado en cada célula y cuando lo libera, respira más profundamente y se reconcilia consigo mismo(a)

 

¿Qué viento empuja tus mareas?

En este momento de mi vida, la INTUICIÓN es quien guía mis pasos. Aún cuando algunos actos impulsados por ella a simple vista parezcan ilógicos, cada vez le doy más autoridad. Y las visiones que me han llegado desde la intuición me han dado la satisfacción de que han sido certeras.

Hay otro viento que está sintonizado con la intuición y que es una energía que guía mis pasos, la de mis maestros, la de Dios(a).

Si todo lleva acordes implícitos, dime ¿Cuál es la música del alumbramiento?

Es un coro de ángeles animando al alma del bebé para que decida nacer y acepte venir a esta vida a seguir cumpliendo su misión, su contrato sagrado.

Es también un lamento profundo, es el grito de la guerrera que reta el “parirás con dolor” para parir con placer.

Es el suave gorgojeo del primer aliento… y, si el entorno lo permite y se acallan los ruidos exteriores, es una danza, un contrapunteo entre jadeos orgásmicos y respiraciones tan imperceptibles como los copos de nieve al caer

¿Qué te significa ser mujer?

Una maga que hace malabarismos para equilibrar a una Afrodita que le gustaría estar siempre seduciendo y haciendo el amor, con una Demeter que se la pasa cuidando a sus polluelos y se olvida de ella misma, con una Artemisa aventurera que se iría recorrer el mundo sin mirar lo que deja atrás, con una Hera obsesiva por su matrimonio y su pareja, con una Perséfone que tiene que llevar a su mamá al médico, con una Hestia que se quiere quedar en su casa leyendo, bordando o pintando pero que su Atenea tiene que estar en el trabajo a las 9 am.

Sin olvidar a la bruja como Hécate o Lilith, que si se le cruza un imprudente al volante es capaz de lanzar por su boca las más espantosos venenos…

 

¿Cuál es el dialecto de tus manos?

Definitivamente, el napolitano.

Es la manifestación del placer junto al dolor.

Explorar cada tejido hasta el hueso para encontrar la memoria celular del trauma y amasarla poco a poco hasta disolverla.

Ir más allá de la piel, sumergirme en el palpitar de cada órgano para sintonizarme con él.

 

¿En dónde te ves dentro de 5 años?

En la casa de mis sueños, compartiendo con mi pareja y con mis hijas crecidas los logros alcanzados; pintando lo femenino, escribiendo un libro, dando clases, disfrutando la vida y el placer de las cosas más sencillas, cultivando mi jardín, dando talleres de lo femenino, difundiendo el parto humanizado en mi país Venezuela, al que nunca quiero dejar…

Conociendo Grecia, China, la India y Japón.

Disfrutando del éxito de mi hijo actor, llorando en la ceremonia de entrega del Oscar porque finalmente lo habrá logrado.

 

En tú altar personal ¿A quien, a quienes o a qué le guardas profunda devoción?

A Jesús , quien en mi infancia me ayudó a mantener la esperanza en que el día siguiente iba a ser mejor…

A María , protectora de mis partos, quien me sostiene en la aceptación de la muerte, para encontrar el sentido y el aprendizaje de cada enseñanza por más dolorosa que sea.

A María Lionza , diosa por excelencia de lo femenino, que representa su fuerza y su poder, llevando una pelvis en sus manos y cabalgando desnuda sobre una danta.

A mis padres porque con su aliento mediterráneo construyeron la pieza única que soy yo, Isabella…

A Frida … creatividad que exorciza y trasciende el dolor y la tragedia personal.

A Isadora Duncan , libertad y ruptura de ataduras convencionales.

A Lilith , esa parte oscura que niego, que intento ignorar…

A John Lennon y a George Harrison , lo masculino sensible y poético.

A Beltrán , mi compañero, amigo, hermano, amante.

A mis hijos, Antonio, Isadora, Simón y Lucía ,mi más grandes maestros y tesoros.

A Aroramadre , la espiral de la vida que se extiende cada día más y más.

A los cristales , a las piedras , a los pedacitos de madera y conchas que he recogido en cualquier playa que he recorrido…

A las flores secas que me recuerdan el amor y la frescura de los jardines de mi adolescencia

A Afrodita , quien me recuerda siempre que no debo avergonzarme de mi sexualidad…


Háblame de tú cuerpo como si fuera una casa y vela describiendo…

Mi cuerpo es como el templo de Poseidón en Terracina, se yergue imponente en una montaña frente al mar Mediterráneo. Pero es también una cueva, la cueva de la Sibilla de Cuma, depende del día y del estado de ánimo. En la entrada tiene un jardín de jazmines que siempre desprenden su olor, especialmente cuando estoy enamorada… sus ventanas no se abren fácilmente, aunque hay muchas y grandes para que de vez en cuando entre la luz del atardecer; sus paredes son de arena y conchas marinas, el nácar brilla con los rayos del sol, huele a mar y arena en la piel. Adentro tiene un fogón-corazón que siempre está encendido, aromas a ajo sofrito se entremezclan con la albahaca, o pan recién horneado… o chocolate caliente en un día de lluvia.

Mis ojos poseen una eterna interrogante, como una puerta que se abre y se cierra continuamente.

Mis labios son como una alfombra de satén, un almohadón que los niños se pelean por tener en su cama.

Mis cabellos son como el techo de las churuatas indígenas, hechos de hojas de palmas largas y delgadas que se mueven con el viento y están al natural, ya no requieren de tintes…

Mis pechos son como el baño de mi abuela en Nápoles, espacio íntimo y solitario, pero que tenía un balcón que te mostraba el golfo en todo su esplendor, con el Vesuvio al fondo, a punto de hacer erupción en cualquier momento de los siglos.

Mi barriga y mi vientre son como esas paredes que se desconchan y se les cae el friso, son esa parte de la casa que no nos gusta pero que encierra una historia de creaciones conclusas y logradas y otras inconclusas y mal logradas, como una biblioteca que encierra grandes tesoros pero en algunos rincones está polvorienta y llena de periódicos viejos.

Mis caderas son una montaña rusa, el tobogán por el que me deslizo a ese jardín de jazmines… en los que fluye una pequeña cascada fresca y tibia a la vez, lugar de encuentro y desencuentro, de plenitud y silencio, de placeres y sonidos de tambor barloventeño...pueden danzar al ritmo de las canciones de Rubén Blades o pulsar con los mantras tibetanos o susurrar una canción de cuna…

Mi útero es el centro de un amplio salón redondo con cortinas de terciopelo púrpura, en cuyo centro posee un fuego que se aviva de vez en cuando y a veces yace olvidado en sus cenizas.

Mis piernas y mis brazos son los pasillos que te conducen por el laberinto, con puertas que te sugieren una promesa de quietud y otras que son incansables, siempre batiéndose por el viento, cargando, moviendo, buscando, dando y recibiendo…

Y finalmente mis manos y mis pies son mis tesoros, gracias a ellos es que puedo ir, escribir, dibujar, masajear, amasar, amar, conocer, viajar… son como un garaje lleno de autos de diferentes tipos y modelos, uno convertible para el verano, uno de lujo y comodidad, una motocicleta par cabalgar libre, una bicicleta, una carreta, un caballo, una nave espacial…

¿Qué tradiciones estás dispuesta a pasar a tus hijos?

La cocina del Nonno, las pastas, los postres, las hallacas, las arepas de la abuela, porque en torno a la comida es que se cuecen el amor por la familia y la unión, esa fuerza que te impulsa a seguir viviendo.

Los rituales, la Navidad , los cumpleaños, las celebraciones, son formas de darle continuidad a las generaciones, aunque yo estoy creándolos y recreándolos poniéndole mi toque personal.

¿A dónde te lleva la frase círculo de mujeres?

A mis antepasadas, a mi tía Dora lúcida, brillante intelectual y eterna bromista

A Bettina , severa solterona que tejía como Penélope día y noche

A Filomena que parecía una bruja con su nariz aguileña

A mis dos tías muertas de parto a principios del siglo XX, una de infección y una de hemorragia

A mi abuela Pasqualina , siempre de negro, viuda de la vida.

A mi hermana Francesca , protectora y madre, defensora de los inocentes y feminista, hermosa en su neurosis, siempre protestando… revolucionaria de los setenta.

A mi madre, Anna , que lucha contra la muerte una batalla incansable y sigue venciéndola a los 88 años.

A mis hijas que son las promesas de un futuro incierto, dulces y tiernas infinitamente.

A las madres que acompaño en sus partos.

A mis enemigas y amigas por sus enseñanzas, porque son el espejo en el que se reflejan mis propias miserias y aciertos…

A ti Beatriz Eugenia , desconocida y lejana porque nunca nos hemos visto, pero cercana y presente, solidaria en la búsqueda y la labor del rescate de lo femenino.

 

¿Algo más que quieras agregar?

Si, siento que si no tomamos cartas en este asunto de rescatar, aceptar y valorar lo femenino como lo suave, tierno, amoroso, el mundo se va en picada a la destrucción.

Ya lo estamos viendo, lo que siglos de poder y permanencia al poder de lo masculino han logrado…

¿Es esto lo que deseamos dejar de legado a nuestros hijos?

Guerra, aridez, desconfianza… agotamiento de los recursos, muerte.

El grito de dolor de la Madre Tierra se está dejando escuchar y sentir

¿Lo vamos a seguir ignorando?

Gracias, Beatriz Eugenia por esta oportunidad de compartir contigo y con más mujeres este volcán que salta de emoción por tú llamado…   

Isabella Polito

 
     
 
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