Revisemos algunos aspectos psicoemocionales que aparecen en el hombre y su pareja durante el embarazo, el parto y la crianza.
Hombre y embarazo El embarazo genera en ocasiones miedo en el varón de no poder cumplir con los nuevos roles y responsabilidades que implica. Algunos casi salen corriendo al ver la prueba de laboratorio positiva. Es la historia de los hombres adolescentes “embarazados” cuya baja autoestima no le permite asumir tan importante responsabilidad. Otros, casi se quedan paralizados.
Para algunos es un símbolo de honor que prueba y reafirma su masculinidad y capacidad de “macho fecundante”. Se puede despertar una rivalidad con el propio padre al querer realizar un mejor rol como papá o se revela la unión del pasado con el presente al ponerle a su hijo el nombre del abuelo, el suyo o el de un hombre que admira.
En la mujer y especialmente en la contraparte masculina, los asuntos relativos al compromiso y la finalidad de ser pareja afloran a la superficie consciente. La estabilidad laboral y financiera, la flexibilidad en la propia vida, la pérdida de la libertad son aspectos que determinan la forma como se enfrentará este cambio personal tan importante.
A medida que se asume el impacto del estrés y de los sacrificios económicos que implica la paternidad, los futuros padres pueden experimentar sentimientos de abandono que contrastan con la alegría y satisfacción de crear y criar a su propio hijo. Dudar en tener hijos puede ser motivado por las expectativas y presiones elevadas por lograr metas financieras y profesionales.
Una vez que el embarazo se confirma, la madre se convierte en el centro de la atención y el futuro padre puede sentirse excluido. Es necesario reconocer la necesidad del hombre de ser apoyado e identificar con él sus cambios en las responsabilidades, expectativas y fantasías.
La mujer está físicamente embarazada, el padre no, por lo cual puede sentirse aislado y solo, experimentando el embarazo en la distancia. Puede aparecer resentimiento, competencia y rivalidad con el bebé. Luego, la culpa. Se ha notado un incremento en las relaciones extramatrimoniales, abuso de drogas y problemas sexuales durante el embarazo. Esto puede ser el resultado de sentirse desplazado.
A medida que la mujer focaliza su atención en el bebé que va a tener y en su embarazo, el hombre puede sentirse desatendido justo cuando desea sentir que su relación de pareja es fuerte y sólida. Esto también puede crear resentimientos con hacia su mujer y el bebé.
Identificarse con su esposa embarazada e inclusive con su propia madre puede producir la aparición de síntomas de embarazo en el hombre. Ocurren malestares, dolores, náuseas, vómitos, antojos y otros síntomas similares al de la mujer preñada. Hay un incremento en la frecuencia de gripes, irritabilidad, ganancia de peso, insomnio y desasosiego. Puede “aflojárseles” un diente. Es el llamado síndrome de Couvade.
El hombre y el parto
Afortunadamente se les permite hoy a los hombres participar del parto de sus parejas. La vieja y trillada creencia de que los hombres se desmayan al ver parir a sus mujeres está siendo sustituida por la gran satisfacción expresada por aquellos varones que han llorado de alegría , reído y participado del nacimiento de sus hijos directa y activamente. Parir es una experiencia humana intensa y conmovedora, no un acto médico exclusivo de los especialistas. Se ve parir a las mujeres en el cine y en televisión e inclusive, hay partos en directo por internet.
Hay que recordar que es un acto íntimo de la pareja y no un espectáculo público. Se puede dejar a la pareja la decisión de quién participa en el parto del mismo modo que decidimos con quién nos sentamos a comer en nuestra mesa.
Su participación en el parto va desde ser el guardián de la privacidad del trabajo de parto, hasta ser el pilar emocional y psicológico y el sostén físico para las posturas verticales al parir.
A veces los hombres experimentan miedo y culpa en el parto. Miedo por perder el control y que algo le suceda al bebé o a su compañera. Culpa por el dolor que siente su pareja del cual ellos se sienten responsables.
Participar del parto ofrece la oportunidad de ver la fuerza de la mujer en una expresión máxima de coraje y feminidad. Es la oportunidad para el varón de llorar de alegría, de abrir su corazón a la expresión emocional frecuentemente reprimida en muchas sociedades y de ser el responsable de proteger el entorno para una experiencia de maternidad enriquecedora, feliz y armónica.
Después del parto
El período posterior al nacimiento puede generar en el hombre síntomas como: dificultad para concentrarse, fatiga excesiva, desasosiego, dolor de cabeza e irritabilidad. Se estima que un 62% de los hombres se pueden presentar síntomas semejantes, aunque leves, a la depresión post-parto.
Por otra parte pueden ser un gran apoyo cuando son excelentes cocineros, cuando están disponibles para cambiar pañales en la madrugada y sacarle los gases al bebé y cuando distraen y cuidan a la criatura mientras mamá se baña o duerme un ratito.
Son magníficos cuando estimulan y creen en la lactancia materna. Se ha visto que el apoyo del padre favorece el equilibrio emocional de la madre en el puerperio (los primeros 45 días después del parto). Su participación durante el embarazo y el parto incrementa estadísticamente su participación en la crianza.
Una sociedad evolucionada podría conceder unos días de reposo postnatal a los padres para adaptarse, responsabilizarse y participar activamente en el inicio de la crianza.
Es estimulante ver con más frecuencia a padres cambiar pañales en sitios públicos, pasear bebecitos(as) en sus coches en el parque, llevarlos adosados a su cuerpo en cobijitas o “koalas” modernos.
Se piensa que los padres que asisten a las consultas prenatales, a los cursos de preparación para el parto y que asisten al parto tienen presencia relevante en la vida de sus crías.
Es un cambio que profundiza la paternidad responsable y participativa.
Tips útiles para que los papás creen una relación especial con sus bebés
Asista a los cursos de preparación para el nacimiento, a las consultas médicas y al propio parto.
Infórmese usted mismo. Lea e investigue todo lo que considere útil para el embarazo, nacimiento, lactancia y crianza. Familiares y amigos que ya han tenido hijos conservan como un tesoro libros y folletos de estos asuntos que casi siempre están dispuestos a compartir.
Conviértase en un experto cambiando pañales, bañando, vistiendo y desvistiendo a su bebé.
Levántese en la noche cuando el bebé llame la atención de mamá y quiera alimentarse. Camine con ella, acaríciela, sáquele los gases al bebé y ayude a que ella tenga oportunidad de dormir un poco más.
Duerma con su bebé, compartan la cama los tres. Haga un espacio para el bebé donde esté cómodo, no muy caliente y seguro de no ser apretado.
Si usted es fumador, no fume en el dormitorio ni en presencia de su bebé ni permita que nadie lo haga.
Aprenda el lenguaje del llanto de su cría. Reconozca el llanto intenso e intermitente de los cólicos, el llanto por hambre o por cansancio y siempre consuele a su bebé si llora.
Cántele y cuéntele historias a su bebé. Canciones sin sentido, con o sin rima, versos tontos inclusive. Si los repite, mejor. Su bebé los reconocerá inclusive si les los cantaba antes de nacer. Al bebé le encantará oír su voz y escuchará con suma atención y casi invariablemente se dormirá sereno y tranquilo.
Reconozca que criar un bebé es trabajo duro. Ayude con el trabajo del hogar no como una actividad extra sino como una responsabilidad que se asume y comparte. De esa forma usted y su pareja tendrán más tiempo para disfrutar juntos con el bebé.
Fuentes:
Stewart D and Stotland N
Psychological As pects of Women's Health Care: The Interface Between Psychiatry and Obstetrics and Gynecology.
American Psychiatric Press ,Inc. Washington.1993
Kitzinger S
The Year After Childbirth
Charles Scribner`s Sons. New York . 1994
Dr. Beltrán Lares Díaz
Médico Obstetra-Ginecólogo
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