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  Duelo: El proceso transicional

 

     
 
El duelo es la respuesta a una pérdida o cambio sin importar si es insignificante o profunda. Es el viaje transicional desde lo que fue a lo que será. El período del duelo, con frecuencia un momento de inestabilidad o desequilibrio, parece invertir o negar cualquier nivel de estabilidad que una persona experimentaba antes de la pérdida. Los síntomas frecuentes son angustia, desorientación, desaliento, desilusión y/o desesperación.

El grado de inestabilidad que experimenten las personas dependerá del nivel de significación que la pérdida tenga para ellos.

El duelo es un proceso que no es racional. Es una respuesta fisio-emocional a una interrupción en la dirección y actividad de la vida. Las personas que padecen del duelo experimentarán una cantidad y profundidad de emociones no vividas previamente o a las que no estaban acostumbradas. La intensidad de los sentimientos es significativamente mayor a lo vivenciado en el curso de la vida diaria.

 
 
     
 

En una cultura orientada a lo racional y no a lo emocional, esta experiencia puede ser atemorizante y sobrecogedora. Es como si todos los mecanismos de defensa y los medios usuales, desarrollados para filtrar y sortear los estímulos, fuesen erradicados, dejando a la psiquis bombardeada por todos los estímulos a la vez.

No funcionan los estándares de conducta racionales y lógicos que gobiernan nuestras vidas diarias y sin estrés. La respuesta conductual del duelo tiene un marco de referencia y una dinámica operacional propia. Su premisa de evaluación y validación es emocional. Usar los estándares racionales para evaluar el duelo es como si aplicásemos el estándar de evaluación de manzanas en albaricoques, peras o cualquier otra fruta que no sean manzanas. Hacer esto invalida la experiencia del duelo y puede contribuir a que permanezca irresuelto.

El físico químico Belga Ilya Prigonine hizo la hipótesis que cuando una masa explota por el resultado de una interacción, presión o impacto, sus fragmentos se dispersan a los límites exteriores del campo electromagnético donde permanecen por un período de tiempo indeterminado. Cuando los fragmentos se juntan de nuevo, coalescen en un nivel nuevo y mas alto de organización e integración que el anterior. Comprobó su teorema en 1974 y ganó el premio Novel por su trabajo en 1977.

Las implicaciones psicológicas de su teorema para el proceso del luto son aterradoras y profundas. En el proceso del duelo las personas experimentan la “explosión de su psiquis” lo cual describen como “devastadora”, “desoladora” o como un “vacío”. La desorientación y el caos ocurren subsecuentemente, produciendo respuestas conductuales fuera de índole del comportamiento habitual. Cuando el proceso del luto se completa y se integra, los fragmentos disperso de la psiquis coalescen en un nivel mas alto y maduro de integración al previamente conocido.

Cuando el duelo no es resuelto, las personas se mantienes “dispersas” y a veces cierran partes de sí mismas. Ellas pueden o no desarrollar mecanismos adecuados para enfrentar la vida diaria. Mucha energía debe utilizarse para mantener el duelo no resuelto enterrado.

LAS EMOCIONES TIENEN UN PROPOSITO

Las emociones tienen un propósito y una función en el curso de la vida y específicamente en el proceso del duelo. Ellas generan la energía para lidiar con las experiencias de la vida. Actúan también como mecanismos de retroalimentación que indican que ha ocurrido un cambio o una pérdida y que se está produciendo la inestabilidad. Las emociones sirven como señales de “alarma” que permiten que las personas hagan lo necesario para lograr la integración y restaurar su balance y armonía.

Existen cuatro emociones primarias: rabia, miedo, tristeza y alegría. Cada una tiene una función específica para proveer de bienestar. Cuando no son experimentadas y utilizadas, las emociones secundarias, tales como ansiedad, desaliento, frustración y depresión clínica evolucionan para difuminar la energía de estos sentimientos primarios.

La rabia genera la energía que puede movilizar a las personas para lidiar y/o corregir una situación, circunstancia o evento que se escapa de las manos y produce un resultado inesperado y/o no anticipado. Algunas veces el resultado puede cambiarse y retornarse a su curso con la intención original. Cuando el resultado es irreversible, la energía de la rabia está disponible para integrar la experiencia y determinar un nuevo curso de acción. Su propósito es facilitar la integración y el balance. Cuando las personas experimentan la rabia, especialmente si evoluciona a la profundidad de la furia nunca antes sentida, pueden atemorizarse por la intensidad del sentimiento. Se sienten “fuera de control”, como si actuaran en forma “inmadura”, “perdiéndose” o “volviéndose locos”. La intensidad puede experimentarse como un dolor físico y psicológico. Les duele el cuerpo; la gente refiere sentirse como si lo estuvieran “quebrando” o “arrancándoles el corazón”.

El miedo genera la energía que moviliza a la gente a alejarse del peligro y buscar la seguridad y salvación, ya sea que el peligro sea físico o psicológico, real o imaginario. En el duelo, el miedo es experimentado como un elemento de lo desconocido y por la posibilidad de que lo mismo ocurra otra vez en el futuro. Su propósito es movilizar a las personas hacia el soporte y la protección, hacia aquello que es familiar y provee apoyo (protección psicológica).

El miedo también demanda que la gente reafirme sus creencias acerca de la predictibilidad y certeza del futuro y acerca del control que se tiene sobre los hechos y sus resultados.

La tristeza genera la energía que permite a las personas experimentar su pérdida soltando las relaciones o “sueños” con el fin de continuar y crear nuevas relaciones y sueños. Experimentar la tristeza puede ser atemorizante y sobrecogedor. Hace que la gente se sienta extremadamente vulnerable, como si se desintegraran. Las personas describen su tristeza como “totalmente consumidora” e “inundante”. Se sienten abandonados como si se “rompieran en pedazos” y como si algo tomase el control. “Como correr olas” es una metáfora usada con frecuencia para describir estas sensaciones: cuando se toma una ola ella te lleva y te arrastra hacia adelante con su momento y poder.

La alegría genera la energía para celebrar, compartir y participar en la vida.

Una cliente en duelo la describió como algo que no tiene nada que ver con estar contento sino como una “tranquila satisfacción” profundamente adentro de sí. Aparece cuando la gente integra los eventos y cambios de sus vidas y subsecuentemente reestablece el balance, el orden y la armonía.

Susana, la hija de un amigo, de 5 años de edad tuvo su primera experiencia de duelo cuando su gatito fue atropellado por un vehículo y murió. Ella lo encontró tirado en la calle poco después de ser atropellado. Lo levantó y lo llevó dentro de la casa para que su padre lo “arreglara”. Cuando su padre le explicó que el gato había muerto, Susana insistió que solo estaba dormido y que ella no podía despertarlo. Le pidió a su padre que lo hiciera; él le explicó que no podía.

Susana comenzó a sacudir suavemente al gato para levantarlo diciéndole ¡¡¡ despierta gatito despierta!!!. Le rogó que despertara. ¡Gatito, por favor, despierta, te lo pido, despierta! Comenzó a hacer promesas al gatito: ¡Te daré leche! ¡Te dejaré jugar con mi pelota! ¡Eso sí, si te despiertas!

Aún sin respuesta.

Susana comenzó a gritarle al gatito ¡Porqué no te despiertas! ¡Eres malo por no despertarte! ¡Si no te despiertas, no voy a jugar contigo nunca más! ¡No te voy a querer más si no te despiertas! Ella entonces comenzó a sacudir con fuerza al gatito a medida que gritaba. Insistía a su padre para que le despertase y se enfureció cuando él le dijo que no podía hacerlo. Le gritó al padre y al gatito alternadamente. Luego, Susana se aquietó y dijo “Papito, ¿porqué se fue mi gatito? Yo no quiero más gatitos. Tengo miedo que ellos también se vayan”. Comenzó a llorar y a mecer al gato. ¡Mi gatito, estoy muy triste porque te fuiste. Te extraño gatito. No podremos jugar mas, gatito!. Susana continuó llorando mientras mecía y acariciaba al gatito.

Después de un rato se dirigió a su padre preguntándole si podían enterrarle. Susana colocó al gatito en una caja. Su padre le ayudó a cavar la fosa. Ella colocó la tumba en la tierra, ayudó al padre a cubrirle y dijo “adiós gatito, te extrañaré. Me divertí contigo”. Tomó de la mano a su padre y se fue. Para el momento que llegaron a la casa, Susana hablaba de lo que deseaba hacer el resto del día.

Los sentimientos son procesados cíclicamente, no linealmente; un proceso de ciclos dentro de ciclos; un espiral hacia la integración. Las personas atraviesan por cuatro emociones dentro de cada ciclo. Cuando se ha integrado un ciclo, aparece otro nuevo. Esto puede desanimar y ser desconcertante cuando, pensando que han terminado con el proceso, la gente se encuentra a si misma reiniciando el proceso otra vez. Cuando las personas se ven experimentado rabia y tristeza una vez mas, varios meses después, su respuesta es”pensé que había terminado con eso (rabia y tristeza) y aquí está de nuevo”. Puede ocasionar que duden de la validez del trabajo que se ha completado y concluir que ellos no han hecho nada exitoso hacia la resolución de su duelo.

Kübler-Ross y otros han descrito muy bien los estadios del duelo. Ellos son choque/negación, negociación, rabia, depresión, tristeza y aceptación. Estas emociones se entrecruzan en cada uno de los estadios. La gente necesita experimentar y procesar sus sentimientos con el fin de terminar el estadio en el cual se encuentran y ser capaces de movilizarse al próximo.

Las personas tienden a oscilar hacia delante o hacia atrás a través de los estadios del duelo así como en las emociones primarias, hasta que se completa la resolución.

¿CUANTO DURA EL DUELO?

La duración y la facilidad con la cual la gente completa su duelo dependen de cuatro variables principales:

•  La naturaleza de la pérdida.

•  El nivel del significado de la pérdida.

•  El deseo de la persona de experimentar la intensidad de los sentimientos relativos a la pérdida.

•  La calidad del sistema de apoyo disponible a las personas durante el duelo.

En promedio, el proceso del duelo dura 2 años. Durante el primer año, los días feriados significativos y los hechos especiales son experimentados sin la persona amada. El primer aniversario de la pérdida señala la venida de un ciclo completo. Un año completo ha transcurrido con todas las experiencias significativas sin la presencia del ser amado. El segundo año es el momento para edificar hacia el futuro.

Cada regla tiene su excepción. Algunas personas son capaces de procesar y resolver el duelo antes de los dos años. A otros les demora un poco más. Las personas necesitan permitirse aceptar su proceso y su ritmo personal y sus necesidades únicas. Cuando las personas experimentan el duelo en respuesta a anomalías congénitas o por incapacidades físicas (debidas a accidentes o hechos catastróficos) ellos pueden resolver el impacto de la pérdida inicial. Sin embargo, se encontrarán permanentemente con el duelo a medida que se presente una falta de habilidad y de funciones en sus seres queridos o en ellos mismos. Cada encuentro necesita experimentar nuevamente los ciclos del proceso del duelo. El nivel de aceptación que la gente tenga de sí mismos y de sus circunstancias afectará la facilidad con la cual serán capaces de completar el proceso y continuar con sus vidas. Finalizar el proceso del duelo y seguir con las experiencias de la vida nuevas y creadoras no significa olvidarse de lo que se perdió. Significa que la pérdida se ha integrado a la experiencia de la vida total del doliente. Aquellas personas y eventos son aceptados y recordados con aprecio y alegría por ser parte de la vida del afligido. Cuando el doliente puede decir “gracias” y “adiós”, se ha completado el proceso del duelo.

Kelduyn R Gardland
(traducción, Dr.Beltrán Lares D.)

 
     
 
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