Cuando el duelo no se resuelve no desaparece sino que se mantiene oculto en la psiquis. Es como si barriésemos el sucio debajo de la alfombra para esconderlo y pretender que no existe. La energía de las emociones negadas es desviada hacia el interior y almacenada, solamente para surgir posteriormente en forma súbita e inesperada. Estas emociones enterradas son revividas espontáneamente sin provocación. Un cambio o pérdida nuevo, los disparará, aún aquellos aparentemente insignificantes. Resurgirán mezclados y exacerbando la situación actual y complicando el proceso del duelo El duelo no resuelto tiene ramificaciones a largo plazo para cada uno de los involucrados, incluyendo las personas principales impactadas, su familia y amigos, los profesionales y ocasionalmente la comunidad entera.
El síndrome de Scarlet O'Hara
Los individuos que tratan de evitar las emociones asociadas con el duelo son como Scarlet O'Hara: piensas que mañana pensarán en eso. Pero los cambios acelerados por la alta tecnología esta trayendo el mañana mucho antes de lo que la gente anticipa o desea. Con él vienen cambios y pérdidas nuevas disparando las viejas y exacerbando la situación actual.
La clasificación de diagnóstico clínico de “Síndrome de Estrés Post-traumático” se ha establecido en la década pasada de los 70 para identificar y describir la conducta de los veteranos de la guerra de Vietnam que prolongaban una pérdida traumática como resultado de la guerra. Identifica y describe sus controversias y falta de apoyo social de quienes hoy día experimentan un duelo no resuelto que perjudica su funcionamiento social y profesional.
Las dinámicas y características conductuales utilizadas para describir este diagnóstico también se aplican a cualquiera que experimente un duelo no resuelto, especialmente aquellas que han experimentado pérdidas del embarazo o perinatales.
Con el fin de no lidiar con su duelo, estos individuos afligidos tienen que utilizar enormes cantidades de energía psíquica para mantener enterradas sus emociones. La energía utilizada de esta forma agota la porción disponible para enfrentar las actividades de la vida diaria y los esfuerzos creativos.
Tales individuos se resquebrajan de sus recursos internos de tal modo que se desconectan de lograr exitosamente actividades que reafirman y expresan sus talentos y creatividades, su autoestima. El nivel energético de algunos se reduce de tal modo que se inmovilizan y hacen disfuncionales y en los casos mas severos, son incapaces de atender a sus propias necesidades básicas de vida.
Barreras para resolver el duelo
Falta de Validación
Una barrera para facilitar y por tanto resolver el duelo es la falta de aceptación social de ciertos hechos o pérdidas como causas válidas de duelo. Esto es especialmente cierto para las pérdidas perinatales cuyo efecto ha sido reconocido y se le ha dado crédito sólo recientemente.
La gente piensa en pérdida principalmente en asociación con la muerte y el divorcio. Sin embargo es mucho más amplio el rango de experiencias que pueden evocar la respuesta de duelo. El divorcio, por ejemplo, no pertenece sólo al matrimonio sino al final de una asociación de pareja social y de negocios.
Otros tipos de pérdidas incluyen la separación causada por asistir a la escuela, los cambios de escuela o maestros, la reubicación de empleo o residencia, un amigo o familiar que se muda; pérdidas de si mismo debidas a incapacidades, desmembramiento o abuso (sexual, infantil, por la pareja); envejecimiento, sueños no cumplidos y daño o pérdida de la propiedad personal.
Pérdidas perinatales incluyen: 1- la falla en producir un niño potencialmente normal o perfecto debido a malformaciones congénitas, incapacidades, retardo, abandono, adopción, tener un bebé del sexo no deseado e inclusive decidir quedarse sin tener hijos y 2- pérdida en la habilidad para sobrellevar la experiencia del trabajo de parto y del parto debido a infertilidad, operación cesárea o alquiler de vientre (madre substituta). Cada una de estas pérdidas necesita la experiencia de duelo en un grado determinado.
Hasta los años 70 poco crédito y validez le fue dado al área de pérdida y duelo perinatal. La actitud cultural ha sido la de que no hay razón para el duelo de un feto que murió dentro del útero o por un neonato que no sobrevivió fuera de la matriz o que vivió por tan poco tiempo como para ser conocido o para relacionarse con él.
Esta falta de aceptación y apoyo social no les ha permitido a las familias experimentar la pérdida y el duelo que le acompaña. 4-12 Sin embargo, ha contribuido significativamente a la desconexión de su duelo y no permitir su expresión completa. Con frecuencia tienen que “tragárselo” o “digerírselo” y enterrarlo en el interior de su psiquis profundamente.
Tales emociones enterradas se manifiestan de otras maneras: ansiedad hacia futuros embarazos (lo cual puede afectar su fertilidad) y la ansiedad durante el embarazo ( la cual puede afectar al feto y al embarazo mismo).
El cuidado y las relaciones con niño actual o futuro se verán afectado por el duelo perinatal no resuelto. Los padres pueden ser sobre protectores o desconectarse de sus hijos con el fin de prevenir que ellos mismos experimenten de nuevo el dolor de su pérdida perinatal. Los niños que vendrán vivirían a la sombra de un hermano muerto o inválido y con frecuencia se espera que alivien la pérdida anterior.
Actitudes Sociales Insensibles
Actitudes sociales insensibles y respuestas de la familia, amigos y profesionales bien intencionadas han servido para perpetuar el duelo no resuelto.
La sensación de haber “explotado” que la gente experimenta en las etapas iniciales de un duelo (Shock) los deja abiertos y vulnerables. Por lo tanto, se encuentran muy sensibles a las respuestas y a la retroalimentación que reciben de su sistema de apoyo y de su entorno inmediato. Un comentario que puede parecer casual e inocuo para el que habla o uno hecho con buenas intenciones, puede tener un impacto profundo en el afligido, influenciando como él o ella procesará su experiencia de duelo y como se definirá a es persona.
Durante esos momentos iniciales las personas están buscando la retroalimentación que definirá la validez social de su situación. La respuesta que reciben, de acuerdo con Borg y Lasker, hará “la enorme diferencia entre una tragedia que es soportable y una que empeora por la insensibilidad, el error y la falta de atención de una necesidad”.
Las respuestas que no apoyan ni facilitan la resolución de una pérdida incluyen aquellas que:
Minimizan la pérdida. “las cosas podían haber sido peores”
Intentan encontrar algo positivo en el cambio o pérdida. ” por lo menos tienes un bebé hermoso y saludable”. Esta es una respuesta típica a una madre después de una cesárea inesperada.
Son condescendientes o triviales. “lo que pasa es lo mejor”.
” Estoy seguro que todo va a salir bien”.
Negarse a discutir sobre la pérdida - la conspiración del silencio - es una forma común de negar sus significados. Esta reacción surge del deseo de evitar el malestar por la pérdida y no por la preocupación por las necesidades del afligido.
Valores Culturales y Religiosos
La cultura occidental tiende a enfatizar y valorar el desarrollo de la mente y el pensamiento racional en vez del cultivo de los sentimientos.
A medida que los niños crecen las respuestas de los padres es el factor clave en enseñarles a tener miedo o no de sus sentimientos.
A menos que a los niños se les provea (1) de una información exacta acerca de la naturaleza de sus sentimientos, (2) de los parámetros y límites apropiados para expresarlos y del apoyo para integrar esta energía en servicio de sus vidas, ellos podrían atemorizarse de sus sentimientos y del poder emocional contenido en ellos. 22 Consecuentemente pueden llegar a la conclusión de que los sentimientos y la energía resultante son “malos” y que ellos mismos son “malos” por tener esos sentimientos.
Cuando se experimenta la intensidad de los sentimientos producidos por el duelo en adultos la gente reacciona de la forma como aprendieron a hacerlo en la infancia. Debido a que han recibido apoyo para pensar y no para sentir, ellos cierran la energía de los sentimientos y so incapaces de manejarlos en respuesta y para procesar los eventos de la vida. Cuando las cosas cambian y la pérdida ocurre, la información, las habilidades y herramientas para procesar el duelo no están disponibles para ellos.
La ética Judeo-Cristiana tradicional acentúa esta respuesta en función de sus grandes tabúes en contra de de los sentimientos de rabia, miedo y tristeza. La rabia es definida como estar descontrolado – impío y no cristiano. El miedo es definido como tener una falta de fe – la no creencia en Dios. La tristeza es percibida como una forma de egoísmo: si el duelo es por la muerte, el fallecido se encuentra en el cielo con Dios y por lo tanto está mejor que antes. Si el duelo es producido por otro tipo de pérdida la experiencia se define entonces como una prueba o castigo de Dios. Estas actitudes y creencias requieren y necesitan ambas que la gente reniegue de una parte de sí mismos – sus sentimientos – los cuales constituyen el ingrediente crítico y la esencia misma del proceso del duelo.
Una madre le dijo a su grupo de apoyo por duelo, casi dos años después de la muerte por suicidio de su hijo adolescente, e una voz controlada y distraída - “yo se que veré a mi hijo en el cielo y eso es lo que me mantiene andando” - mientras estuvo estrujándose las manos las dos horas que duró la sesión.
El Duelo No Resuelto Previamente
Las conclusiones y los pensamientos que se hacen durante cualquier evento traumático, cambio o pérdida pueden ya sea facilitar a la gente a atravesar por el proceso del duelo o restringir e inhibir su cumplimiento. Pensamientos de reprobación, auto-recriminación, culpa y amargura pueden inhibir el completar el proceso del duelo.
Como personas adultas, las personas pueden disparar una o todas las pérdidas no resueltas cuando experimentan el duelo y la pérdida nuevamente. Las razones esgrimidas acerca de la causalidad de la pérdida actual se relacionan con frecuencia a un trauma en la infancia y de las conclusiones que de él se derivan. Con frecuencia, las causas y razones por las pérdidas de los adultos son las ideas de castigo y de pago por la pena incurrida.
Una clienta que había sufrido un aborto temprano en el segundo trimestre del embarazo se encontró a si misma cada vez más ansiosa y perturbada acerca de su capacidad de tener un embarazo subsiguiente con éxito. Se hizo obsesiva por lograr quedar embarazada de nuevo y a la vez incapaz de lograrlo. Asistió a terapia de grupo por duelo cuando su ansiedad y obsesión comenzó a interferir con su vida y su trabajo.
Durante el proceso de terapia ella recordó un embarazo e su adolescencia y la conclusión a la cual había llegado al momento del nacimiento de su bebé: “¿Qué tal si Dios me castiga por haber sido madre soltera y no me deja tener más hijos?”
Su primer bebé nació varias semanas antes del tiempo. Ella recordó que el aborto había ocurrido en la fecha aproximada en que debió nacer su primer hijo; había completado el primer trimestre del embarazo durante el cumpleaños de su primer bebé. El descubrimiento de su luto no resuelto le permitió trabajar los sentimientos unidos a esa conclusión lo cual le permitió liberarse de ellos y embarazarse y parir otro niño con éxito.
Guiones Culturales
“Guiones culturales” se refiere a los valores, actitudes y conductas que se le enseña a las personas en relación a su género. Evoluciona desde los mensajes e información suministrada acerca de ser varón o hembra en la sociedad y se hace parte de la programación mediante la cual las personas hacen funcionar sus vidas. Esto es por lo tanto una parte crítica de la respuesta al cambio y a la pérdida.
Los guiones comienzan temprano en la infancia y algunas veces en el período prenatal, con la diferencia en la forma en que los bebés varones o hembras son idealizados, percibidos y por la forma de reaccionar de sus padres y de las demás personas .
A medida que las niñas se convierten en mujeres se les enseña que no es bueno estar disgustada o que no es de una “dama” ser asertiva. Se les permite estar asustadas o tristes. La rabia es desviada al interior y convertida en depresión o martirio. Muchas mujeres se convierten en esposas sacrificadas y madres devotas viviendo una vida dedicada al cuidado de las necesidades de los demás sin considerar las suyas propias.
A medida que los niños crecen se les da permiso y apoyo para sentirse disgustados pero no tristes ni asustados (los niños no lloran). Los niños que se sienten tristes o asustados se les llama afeminados o miedosos. Se les enseña a ser el protector y proveedor invencible de sus familias.
Estas diferencias de género se observan con frecuencia en el proceso del duelo. Aún entre los hombres y mujeres más liberados, el trauma profundo de una pérdida significativa puede disparar el resurgimiento de los valores tradicionales con los que se ha crecido, dejando a los hombres incapaces de expresar totalmente su tristeza y miedo e inclusive llorar y a las mujeres no permitiéndoles expresar su rabia totalmente. Una mujer puede sentir que tiene que cuidar de su marido emocionalmente; un hombre puede sentir que tiene que proteger a su mujer. Ambos pueden así evitar conocer y enfrentarse a sus propias necesidades.
A los hombres les cuenta más recibir apoyo durante su duelo. Se espera de ellos que tomen decisiones importantes y sean fuertes con sus esposas. La gente preguntará cómo le va a ella pero no como le va a él. Afortunadamente, los hombres están comenzando a permitirse sentir resentimiento por no ser considerados de la misma manera. Ellos necesitan se apoyados por sus sentimientos en vez de enterrarse a sí mismos en sus trabajos con el fin de no sentir su dolor y su pérdida.
El vínculo con un feto es diferente en mujeres y hombres. El feto lo lleva la mujer dentro de su cuerpo. Es ella quién experimenta los cambios fisiológicos y hormonales. Para el hombre, la realidad del embarazo y el vínculo subsiguiente no ocurre hasta el segundo trimestre. Por lo tanto, su nivel de vinculación no es con frecuencia tan grande como el de la mujer y el significado de la pérdida no es tampoco tan grande. Ocurre una excepción cuando se encuentran factores genéticos en el hombre que influencian la pérdida. El duelo que padecen los hombres se centra en la imagen de sí mismos, la autoestima y en generalizar la incapacidad de ser buen padre en vez de la pérdida específica de un hijo.
El impacto del duelo no resuelto es profundo en las parejas y en las familias. La tasa de divorcios entre parejas que han padecido una pérdida perinatal - ya sea muerte, malformaciones congénitas múltiples o retardo mental – está muy por encima del 50%. Los elementos de confianza se hacen evidentes: confianza en los resultados de la vida, confianza en las otras personas (esposa, profesionales de la salud), confianza en sí mismo. El nivel de la autoestima baja significativamente. Son desenfrenados los sentimientos de traición y la necesidad de culpar a alguien, presentándose esposos que se culpan entre sí para ocultar la sensación de falla personal. Cuando los esposos no se dan el apoyo ni el permiso de experimentar la profundidad de sus sentimientos y responder a la pérdida, la comunicación se interrumpe. Ellos se distanciarán cada vez más el uno del otro.
Los Niños y El Duelo
Los niños también experimentan la pérdida y el duelo . Cuando no se les proporciona información y apoyo para experimentar sus sentimientos de luto, los niños, al igual que los adultos, los entierran. O los pueden expresar (usualmente en forma inapropiada) para descargar esa energía con la esperanza de que su conducta traiga el cambio que desean para restaurar la familia a las formas de relación previas. Kelduyn Gardland
(traducción: Dr. Beltrán Lares D.) |