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  EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO DURANTE EL PARTO

 

     
 

El dolor durante el parto es una experiencia a la cual temen todas las mujeres. Ese miedo es causa de ansiedad anticipada y mal consejero a la hora de decidir qué hacer - ¿parto o cesárea? – especialmente si no se tiene información suficiente y objetiva de los pro y contra de la forma de tener a los bebés.

Diferenciar dolor y sufrimiento permite comprender porqué para algunas mujeres el dolor en el parto se vive como insoportable, enmarcando una experiencia emocionalmente negativa. Para otras, el dolor es integrado como una parte de la vivencia que fueron capaces de enfrentar y aceptar, enmarcando una experiencia positiva y generadora de una autoestima enriquecida.

 
 
     
 

Visión médica del parto y el dolor

Para entender el dolor hay que revisar como es el concepto de la enfermedad, el dolor y el parto de la medicina occidental. Esa interpretación incluye que:

• El parto es una enfermedad y no un proceso natural.

El solo hablar de “pacientes” ya clasifica a la mujer que está pariendo igual a una enferma. Si comer es un acto fisiológico y natural, nos resultaría chocante que nos llamaran “pacientes” en un restaurante en vez de comensales o al menos clientes…
En muchos centros clínicos las parturientas ingresan por la zona de emergencias como si se tratase de una situación de grave peligro o amenaza de muerte. Podrían entrar por la puerta principal como si fuesen a experimentar una de las vivencias más importantes para el ser y su pareja.

• Todo dolor y sufrimiento debe ser diagnosticado, controlado y eliminado.

Los hombres modernos, especialmente los científicos, creen que debemos ser capaces de dominar nuestro medio ambiente y nuestras vidas de modo de evitar el dolor y aún la muerte. Las mujeres de muchas culturas tribales creen y confían en sus cuerpos y en el proceso natural de parir a los hijos.
En algunos grupos humanos el dolor es algo que se asume como parte de la experiencia de la vida y es vital para el crecimiento emocional y espiritual del individuo. Un ejemplo lo son los monjes budistas Zen o los hindúes. Además existen recursos sencillos como el acompañamiento (comadrona), el masaje, el uso del agua durante el parto que alivian y modulan en positivo la percepción del dolor.

• El sistema de salud está construido y se enfoca en los desastres y se espera que ellos ocurran.

Si se estima que la mayoría de los partos son normales y sin complicaciones serias (80% o más) se hace incomprensible el hecho de abarrotar las salas de partos con equipos de alta tecnología, deseables para los casos de alto riesgo.

Las salas de parto están organizadas no para reducir problemas apoyando el proceso normal de parir sino para tratar a la parturienta y a su bebé como individuos en riesgo potencial ( Suzane Arms).

El miedo es un elemento que matiza el pensamiento de los galenos, a veces haciéndoles perder el sentido común. Una obstetra norteamericana (Christiane Northrup) relataba la anécdota de la mujer que llegó al final del embarazo a la emergencia del hospital siendo ingresada a sala de partos sin pérdida de tiempo. Al cabo de un rato se trasladó a traumatología al percatarse alguien que la mujer había ingresado al hospital por ¡una fractura en una pierna!

• El dolor del parto se iguala al dolor producido por lesiones físicas y enfermedad.

No es igual en intensidad ni en la forma en que se es percibido el dolor por un disparo en el tórax ni el de un cólico ureteral al expulsar un cálculo renal que el dolor del parto. El “motivo” del dolor y la “recompensa” matizan la experiencia álgica modificando su “aceptación”. Cuando una mujer corre un maratón seguramente padece dolores musculares y en los pies sin que consideremos que esto sea negativo o patológico.

¿Qué es el dolor?

El dolor se describe como aquella impresión penosa experimentada por un órgano o parte del cuerpo trasmitida al cerebro por los nervios sensitivos (Diccionario terminológico de ciencias médicas).

Necesariamente tiene que existir una conexión nerviosa anatómica y un reconocimiento a nivel de la corteza cerebral para que un estímulo sea percibido e interpretado como doloroso.

¿Qué es el sufrimiento?

A diferencia del dolor, el sufrimiento tiene un componente menos anatómico y más psicológico, con la capacidad de causar daño a la mente y al cuerpo.

Se ha definido el sufrimiento como la respuesta personal al dolor físico o emocional. Es única de cada individuo y puede ser experimentada en formas diversas debido a factores como la edad, el contexto social, la filosofía de vida o la cultura (Graneheim, 1997).

Para algunos las descripciones subjetivas del sufrimiento siempre incluyen una lucha en contra de obstáculos internos o externos. Esta lucha puede incluir un sentimiento de falta de libertad, falta de fuerza, la inmovilidad, el horror, la amenaza y/o la ansiedad (Lindholm y Erikson,1993)

La cultura y el dolor de parto

El lenguaje en todas las culturas expresa los valores y las creencias de los pueblos. Así tenemos que los dolores del parto se describen como un calambre o retortijón, como un dolor agudísimo, penosísimo o extremo en aquellas culturas donde se manifiesta más con gritos y desesperación (USA, China, Japón, Portugal). Lo opuesto ocurre en otros grupos humanos, como las escandinavas donde la traducción del dolor del parto es de un “dolor bueno”. O las mujeres aborígenes de Uganda, Hawai y la Amazonia donde ellas perciben el dolor pero lo expresan poco. En Venezuela las parturientas gritan y manifiestan el dolor aunque a veces nos encontramos con embarazadas que paren “sin dolor”. Gritar durante el período de expulsión del bebé puede ser la expresión de un esfuerzo intenso, por lo que no debería obligarse a la mujer a parir en silencio. Cada quién a su manera... con gritos o en silencio.

Cuando las personas se refieren a los “dolores del parto” frecuentemente no los diferencian de las “contracciones uterinas”. Una mujer puede tener contracciones uterinas y sentir molestias, sin que le duela. Mentalmente igualamos dolor y contracción creando una asociación que no ayuda sino confunde, fomentando una percepción mayor de las molestias del parto. Muchas mujeres refieren que al final del trabajo de parto, cuando se logra la dilatación completa del cuello uterino y el bebé presiona la vagina, ya no “les duelen” las contracciones. La sensación de presión , ardor y las ganas de pujar sustituyen el dolor del parto.

La mayoría de las culturas “primitivas” o sociedades tradicionales han entendido que el parto produce un estado de conciencia alterado que proporciona la fuerza y resistencia necesaria para que una mujer, de frágil apariencia, sea capaz de parir un bebé sin drogas más fuertes que un té de hierbas.

Ha sido solamente nuestra sociedad occidental la que ha construido todo un sistema de salud donde las creencias patriarcales apoyan la idea de que las mujeres son incapaces de parir por su cuenta y de que el cuerpo femenino no está diseñado para lidiar con los dolores del parto ( S. Arms)

Un aspecto que aumenta la percepción del dolor es el entorno. El ambiente de “sala de emergencias” no es precisamente un lugar propicio para relajarse y sentirse tranquilo. La visión de monitores, pinzas, agujas, tubos y tijeras crea la sensación de que alguno de esos dispositivos va a utilizarse sobre el cuerpo de la “paciente”. El ruido de alarmas médicas, los gritos de otras personas y el nivel de agitación que puede existir en determinado momento, favorecen el miedo y la ansiedad de cualquiera que allí se encuentre. Varios estudios realizados por enfermeras y comadronas nos muestran que la dilatación del cuello uterino durante el trabajo de parto es más rápida cuando ocurre en la casa de la propia mujer. Otros trabajos muestran resultados similares cuando la parturienta es acompañada, en su casa o en un hospital, por una persona que le brinde seguridad, confianza, calidez y apoyo emocional. A veces una comadre, comadrona, hermana, amiga o una madre nutritiva provee esta poderosa presencia. Y cuando estas variables se evalúan en relación a la percepción del dolor del parto el resultado se nos hace lógico: la mujer percibe menos dolor, usa menos analgésicos y menos anestesia peridural.

Una mujer bosquimana (aborigen sudafricana) dice: El miedo es lo que ocasiona que la mujer y el niño sufran durante el parto...
El dolor y la experiencia del parto

Es común oír a las mujeres comentar su experiencia del parto como algo traumático, triste y doloroso. Para muchas es una experiencia que no desean repetir. Podemos confundirnos y pensar que es sólo el dolor del parto el aspecto más importante para catalogar de positiva o negativa esta experiencia.

Varios estudios en este sentido revelan datos como:


• “Un parto doloroso puede tener la misma valoración positiva que uno libre de dolor” (Salmon et al, Br J Med Psych,1990)

• Las mujeres que usaron analgesia para parir estaban menos satisfechas con su parto que las que no la usaron... (Green, Birth,1993 )

• La satisfacción por el parto fue asociado con la participación, influencia, responsabilidad e información por parte de las mujeres. (Waldenstrom et al, Birth,1996)

• El dolor del parto no fue una experiencia totalmente negativa cuando fue evaluada retrospectivamente. Poder lidiar con el dolor es una experiencia de recompensa en algunas mujeres. (Waldenstrom et al,J Psychosomatics in Ob Gyn,1996)


CheriVan Hoover ,comadrona holandesa dijo:

Una mujer puede experimentar dolor sin considerar ella misma que ha sufrido si se ha sentido EMPODERADA y de haber hecho ella una elección con libertad. Esta libertad aunada a la presencia y apoyo de gente en quién confía puede aliviar cualquier sentimiento de horror, amenaza o soledad.

En 15 años de práctica de una obstetricia orientada al parto natural he escuchado a las mujeres decir “no quiero tener más hijos porque ya tengo los que quiero pero volvería a parir otra vez por lo hermoso de la experiencia que viví”. Estas mujeres no niegan la presencia del dolor ni su intensidad. Ellas sienten que formó parte de una experiencia positiva de la vida que enfrentaron con coraje y esfuerzo propio de su naturaleza femenina.


Bibliografía
1. Arms S . INMACULATE DECEPTION II. Mith, Magic & Birth
Celestial Arts, Berkeley, California,1994
2. Northrup C. Cuerpo de mujer Sabiduría de mujer
Ediciones Urano SA, Barcelona.1999
3. Van Hoover C. Pain and Suffering in childbirth: A Look at Attitudes,
Research and History
Midwifery Today, Issue Number 55, autumn 2000
4. Dunham C y equipo “the body Shop” MAMATOTO La celebración del
nacimiento.
Plural de Ediciones SA, Barcelona 1992
5. Lieberman A Easing Labor Pain
The Harward Common Press, Boston 1992


Octubre 2004
Dr. Beltrán Lares Díaz
Médico Obstetra-Ginecólogo

 
     
 
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