Ve a tú bebé, cárgalo, ponle nombre. Aún cuando haya nacido con una deformidad, los expertos afirman que es mejor verlo que no verlo porque lo que uno se imagina suele ser peor que la realidad. Ponerle nombre hará la muerte más real para ti, más fácil de sobrellevar. Hacer un entierro o el ritual religioso que desee la pareja; esto da la oportunidad de despedirse. La tumba será un lugar para visitarlo en los años venideros.
Que no te den calmantes ni sedativos ya que estos tienden a borrar tú recuerdo de lo que ocurrió. Esto te hace más difícil afrontar la pena y privaría a ti y a tú esposo de la oportunidad de ayudarse mutuamente.
Toma una foto u otros recuerdos para que tengas objetos tangibles en que fijar tú afecto cuando pienses en el futuro en el bebé que perdiste. Aún cuando parezca morboso, los expertos dicen que ayuda.
Pide a parientes y amigos que no hagan desaparecer de tú casa todos los preparativos que habías hecho para recibir al bebé. Hazlo tú misma ya que volver a casa y encontrarla como si nunca hubieras esperado a un bebé solo servirá para aumentar tú sentido de irrealidad.
Llora todo lo que quieras. Llorar es parte del proceso de la pena. Si no lloras ahora, algo quedará pendiente y tendrás que afrontarlo tarde o temprano.
Prepárate para un período difícil. Te sentirás deprimida durante un tiempo. Probablemente desearás ser atendida, mimada, que te cuiden y acaricien. Atrévete a pedirlo.
Reconoce que el papá también sufre aunque su pena pueda ser o parecer menos duradera e intensa. Algunos hombres reprimen su dolor para tener que ser fuertes para su mujer. Ellos manifiestan su dolor en otras formas: mal humor, irresponsabilidad, pérdida de interés en la vida, o la bebida. Un padre adolorido no es de mucha ayuda para la esposa, ni ella para él, es posible que ambos tengan que buscar ayuda por otro lado.
No te enfrentes sola al mundo. Las primeras veces que salgas, hazlo con una amiga que conteste a las preguntas de los vecinos, en el mercado, en el banco, etc.
Ten en cuenta que tú dolor disminuirá con el tiempo, pero nunca va a desaparecer. El proceso de la pena puede durar hasta dos años. Si después de seis a nueve meses, el dolor sigue siendo el centro de tú vida, busca ayuda. También busca ayuda si no logras expresar ni sentir tú dolor.
Busca ayuda y apoyo. En un grupo de ayuda mutua de padres, puedes fortalecerte. En terapia individual o de grupo es bueno que trabajen su pena ambos.
Vuelve los ojos a la religión, puede serte de consuelo.
No esperes que tener otro hijo te va a reponer la pena. Si has decidido tener otro bebé, consúltalo con tú médico o psicólogo. Podría constituir una carga injusta para el nuevo bebé.
Reconoce que el remordimiento complica la pena y hace más difícil resignarse a la pérdida. Si no estabas convencida de que querías un bebé...
Si tú mamá no fue afectuosa y tú temías no serlo con tú bebé...
Si te sentías insegura acerca de tú feminidad (temiendo que no podías dar vida a un hijo) y ahora tus dudas se han confirmado; busca asistencia profesional que te haga comprender que tales sentimientos de responsabilidad por la pérdida no tiene ningún fundamento.
Si sientes remordimiento por el solo hecho de pensar en regresar a una vida normal, porque te parece una deslealtad para con tú bebé muerto, quizá te ayude pedirle espiritualmente al bebé perdón o permiso para volver a gozar de la vida.